Gladys Tato

Psicoterapia General y Especializada en Pacientes con Trastornos Orgánicos

Comentario del Dr. Luis Chiozza sobre “A pura realidad”

Quiero expresar mi beneplácito por la publicación de A pura realidad. Conozco la trayectoria personal y profesional de su autora, la Dra. Gladys Tato, dedicada, con esfuerzo y entusiasmo, al desarrollo del conocimiento psicoanalítico y al tratamiento de pacientes en los cuales los avatares de la vida no sólo se manifiestan en sufrimientos psíquicos perdurables que ensombrecen la vida, sino también en los trastornos de la estructura y del funcionamiento del cuerpo que ocultan las vicisitudes de una historia reprimida, de una crisis que es necesario llevar a la consciencia para intentar resolverla de una mejor manera. De esto último se ocupa en dos libros anteriores: Cuando el cuerpo habla y Mensajes del cuerpo.

El título del libro que ahora presenta contiene en sí mismo una tesis de incalculable valor, ya que apunta a nada menos que subrayar, con sencillez encomiable, que la verdadera función de nuestros ideales, que suelen configurar la conmovedora “substancia” que alimenta nuestros sueños y otorga a nuestra vida un motivo, sólo se cumple acabadamente en el territorio de lo real. Allí solamente, en ese único lugar, la “pura” realidad, lograremos materializar lo que soñamos, si somos capaces de conducir nuestros deseos, resignándolos y modificándolos, a través de un proceso que demanda un esfuerzo que lleva implícito, muchas veces, un duelo y que, por supuesto, en esos casos duele. Se comprende entonces que, frecuentemente, sucumbamos a la tentación de evitar la realidad refugiándonos en nuestras ilusiones.

Suele decirse que de ilusión también se vive, pero eso sólo funciona con las ilusiones que surgen de una actitud mesurada, porque, dado que la desilusión es el saludable camino de vuelta hacia el verdadero contacto con lo que las cosas son, cuando la ilusión es muy grande, también crece la magnitud de la inevitable decepción que puede, a veces, arruinar la vida. Las cinco historias que contiene el libro abordan el camino que separa lo real de lo ideal desde vicisitudes diferentes. En todas ellas recorrer ese camino lleva implícito deshacer una ilusión.

En el primer relato la ilusión parece comprensible, dado que surge de asumir que en la comunidad donde se habita los procedimientos se rigen por criterios “razonables”. Y sin embargo el asunto, bien mirado, nos revela la vigencia de un ordenamiento caótico que dista mucho de ser excepcional en nuestros días. Hay quienes sostienen con fundamento, desde distintas disciplinas, que en nuestro siglo esa cuestión arrecia, y parece confirmarlo el contemplar lo que ocurre en diversos sectores del planeta, pero, por otro lado, no cabe duda de que, en la historia de la civilización humana, abundan los absurdos. El episodio vivido en torno al árbol se hundirá en el pasado, como tantos otros, y sus vicisitudes pueden enriquecer, mientras tanto, nuestras reflexiones acerca de lo que el trámite burocrático ha significado para los distintos habitantes de una misma ciudad, envueltos en un desequilibrio del espíritu que los mancomuna. Es necesario reparar en que es un desequilibrio que también se manifiesta, con un dramatismo que suele alcanzar la tragedia, en otros sectores de la vida en común.

En Una mujer como tantas, y en Saber hacer negocios, dos situaciones dramáticas distintas (la separación de una pareja que ha convivido durante muchos años, y el incumplimiento de un contrato) culminan en un conflicto en el que una persona que actúa de buena fe, sufre como víctima de un abuso que adquiere la forma de un perjuicio económico humillante y ofensivo,  que las instancias judiciales no resuelven.  También en estos casos podríamos pensar que la ilusión que albergaban las personas que sufren el maltrato, proviene naturalmente de las expectativas normales de una persona de bien. Sin embargo, las vicisitudes de ambos relatos, y las consideraciones que agrega la Dra. Tato, que nos introducen en las complejidades del psiquismo humano, nos testimonian de nuevo que preferimos “creer” porque, para decirlo en sus palabras, “la felicidad de la ignorancia es una ilusión a la que cuesta renunciar”.

No cabe duda de que nos equivocamos cuando elegimos el camino, más fácil, que emocionalmente nos conforma, porque nos permite negar la adversidad que siempre, en alguna medida, forma una parte inevitable de la vida. Así sucede en A mi no me va a pasar, cuando Quique intenta huir del duelo que le hubiera permitido elaborar de manera saludable la muerte de su padre, y lo hace de una manera típica, recurriendo al alcohol, como vemos frecuentemente en los filmes norteamericanos. Pero no le alcanza con eso, y los intensos sentimientos de culpabilidad reprimidos lo precipitan, inconscientemente, en el accidente que posteriormente lo horroriza con una culpa “nueva” que es otra vez la misma.

Por fin, en Conexión de vida, es la psicoanalista quien, una vez más, deberá aceptar que la muerte forma parte de la vida, y que la vocación que la condujo hacia la tarea cotidiana de proteger la salud, solo encontrará un equilibrio si su ilusión de curar no incurre en el desatino de negar que todo poder tiene un límite.

La Dra. Tato dedica su libro a los pacientes que mantienen vivo lo mejor de sí misma, y en esa dedicatoria nos revela que su contacto con ellos es auténtico, ya que psicoanalizar no es algo que sólo se dirige a la persona que ocupa el diván. Allí, en el consultorio, trascurre una parte muy importante de nuestra propia vida, y necesitamos nuestras interpretaciones para evolucionar con ellos.

Luis Chiozza, Noviembre de 2014.