Gladys Tato

Psicoterapia General y Especializada en Pacientes con Trastornos Orgánicos

Es de pública y preocupante notoriedad que los accidentes de tránsito son una de las principales causas de muerte en nuestro país en adultos jóvenes. A pesar de todas las acciones tendientes a evitarlos las cifras continúan aumentando. Es un suceso vital que nos sacude e inevitablemente nos hace reflexionar.

Como psicoanalistas trabajamos abordando el fenómeno desde la perspectiva del factor humano con otros instrumentos de comprensión. El desconocimiento hace que se le otorguen poca importancia a la participación de los aspectos inconcientes y por lo tanto se desestime o no se evalúe en profundidad este modo de expresar lo que a las personas les sucede.

En el año 1988 realicé una formación Intensiva en CIPEA, Centro de Investigaciones Psicológicas para el Estudio y Prevención de los Accidentes, dirigido hasta el día de hoy por el Dr. Julio Granel, destacado médico y psicoanalista argentino dedicado a la investigación de la comprensión psicoanalítica del accidente y de las personas accidentadas.

Comúnmente es considerado como un hecho azaroso, vinculado con la fatalidad y el destino a pesar de que se reconozca el factor humano.
Todos los aspectos estudiados concluyeron en que el accidente es un acto fallido en el que se pone en riesgo la integridad corporal e implica un daño a sí mismo al entorno y a los objetos. La cualidad o la capacidad de accidentarse nos comprenden a todos, es inherente a nuestra condición humana. Cualquier persona puede tornarse temporalmente con mayor disposición a accidentarse. Todo acto humano posee una significación o un sentido, ¿cuál será el mensaje que está contenido en el accidente?

Las investigaciones han demostrado que el accidentarse es una de las formas en que podemos expresar nuestras dificultades y conflictos ante los cambios vitales que resultan difíciles de elaborar. Esa dificultad genera intensas emociones que es imperioso expresar. En determinado momento las circunstancias se conjugan de una manera tal, que nuestro yo conciente se obnubile y nuestro yo inconciente es capaz de “armar” con los objetos, las personas del entorno y su propio protagonismo, el aparente acto azaroso que le permite expresar lo que siente para sacarlo fuera de sí.

Esta expresión en la realidad y en el afuera también es una forma de mensaje para uno mismo y para los otros de lo que nos está sucediendo. Es bueno aprovechar la oportunidad de reflexionar para comprender ese mensaje y encontrar un camino menos dañino de comunicación.

Tomando como referente central la relación entre accidentes y crisis ante cambios de difícil elaboración, la importante prevalencia en nuestra sociedad no es ajena a todos los cambios vertiginosos, simultáneos y complejos que debemos procesar.

La falta de respeto a las señales de tránsito es una expresión de la falta de respeto a la Ley en general. Nos estamos convirtiendo en una sociedad trasgresora y eso se refleja tanto en el desconocimiento de un cartel de Pare, como en el aumento de la delincuencia. Ha ido ganando terreno el incumplimiento de la ley sobre el respeto a la misma.

La rapidez de los cambios tecnológicos, sigue exigiendo una velocidad de adaptación que nos impacta a todos y junto con esto la exigencia de un poder adquisitivo que permita sostenerlo, para no quedar excluido del entorno social al que se pertenece.

La continua remodelación de la familia, apura a resolver los duelos con los lazos afectivos que se pierden para incorporar otros nuevos.

La percepción que las personas tienen del ser humano en la sociedad actual, es de seres fácilmente cambiables, recambiables y sustituibles, tanto a nivel afectivo, sexual, como laboral.

Creo que la creciente prevalencia del accidente es el síntoma de una sociedad que pide tiempo para procesar cambios.

Todos los aspectos referidos serán vistos en profundidad en la Actividad Científica Abierta del 18 de setiembre a las 20 horas.