Tal como anunciamos en el artículo anterior estuvimos en Buenos Aires en los festejos de la Fundación Luis Chiozza. En un clima emotivo y cordial se conmemoraron los 50 años de la primera comunicación de Psicoanálisis de los Trastornos Hepáticos. Aunque no era el tema explícito del festejo el que me voy a referir, todo lo que se recordaba, lo que se vivía en el presente y lo que se proyectaba para el futuro, hacía resonar una y otra vez en mí la importancia de la vocación en la vida.
Vocación viene del latín: “vocatio”, que es acción de llamar. En sus orígenes aludía al llamado de Dios a la vocación religiosa, pero su uso se fue generalizando a toda convocación o llamamiento hacia cualquier profesión o carrera. La vocación se hace particularmente presente en la adolescencia y la juventud sobre todo cuando alguien duda o está confundido sobre ella. También nos admira cuando tempranamente se define lo que se desea hacer en la vida y vemos cómo posteriormente se concreta.
Pero lo que me parece importante destacar es que la vocación es un “estado” y como tal sostenerlo implica reafirmar la respuesta al llamado recibido. Es decir que hacer cualquier actividad con vocación es reelegirla una y otra vez.
Toda profesión es un trabajo que requiere de esfuerzos, cuyos resultados podrán ser a veces buenos y otras veces no tanto, reconocidos o ignorados, pero cuando están sostenidos por una vocación profunda, trasmiten el balance del disfrute por la tarea como la que tuve la suerte de participar. Pero además ver un grupo de personas de diferentes generaciones sintiendo lo mismo es más conmovedor aún. Cuando la vocación es vivida como una pasión, trasmite esa mezcla de idealismo y tenacidad que permite sostener disfrutando por años la tarea elegida.
Vivimos épocas de crisis de la educación y creo que en parte por falta de vocación, de enseñar, aprender, producir, investigar, intercambiar y repensar las problemáticas de nuestra práctica para reformular la teoría y la técnica tantas veces como sea necesario. Pero para eso hay que reciclarsarse y actualizarse, lo que implica a veces redefinir la vocación. La psicoterapia ha crecido especializándose por lo que es muy difícil que un psicoterapeuta abarque todas las problemáticas que la práctica clínica presenta, por lo que sólo una formación continua le permitirá conocer nuevas opciones.
En nuestro caso el camino de la vocación nos llevó primero por la medicina, luego la psiquiatría y el psicoanálisis hacia la comprensión de los pacientes con trastornos orgánicos.
Las dos últimas actividades científicas del año, estarán dirigidas hacia quienes quieren definir o redefinir su vocación.
La Psicoterapia del Paciente con Cáncer, es uno de los mayores desafíos dentro de la especialización que realizamos. Por tales motivos trasmitiremos los conceptos fundamentales, vistos como una de las opciones más difíciles de nuestra vocación.
La otra actividad científica estará destinada para quienes deben definir o recién lo han hecho, la opción de la práctica clínica de orientación psicoanalítica. Esta actividad incluirá la entrega de un manual de técnica elaborado por la Institución y la supervisión de material clínico de inicio de tratamiento, presentado por los inscriptos a la actividad.
Gladys Tato