Gladys Tato

Psicoterapia General y Especializada en Pacientes con Trastornos Orgánicos

En lo últimos días nos hemos vistos sorprendidos por dos dolorosas noticias, la muerte de Alfredo Alcon y de Gabriel García Márquez.

Ambos artistas, latinoamericanos, destacados en su arte pero sobre todo seres humanos que dejan el mejor legado que una persona puede dejar: tener cualidades que los convierte en modelos de inspiración y aspiración para las próximas generaciones.

Decir que Alfredo Alcon era un gran actor es un lugar común, pero ser llamado Maestro por sus colegas define una cualidad de su identidad que muy pocos poseen. Algo similar sucede con García Márquez, premio Nobel de Literatura, da cuenta de su genialidad como escritor, pero una persona capaz de decir que aún en la pobreza no podría haber sido otra cosa que lo que fue, lo hace excepcional.

Es que ambos estaban habitados por eso que llamamos vocación, por ese amor comprometido a tal punto con lo que se hace que cualquier esfuerzo o sacrificio vale la pena. Para ellos no existían días feriados para su pasión, dieciocho meses seguidos escribió García Márquez Cien años de Soledad. Alcon era el primero en llegar y el último en irse del teatro, cual si fuera el más incipiente principiante. Seres para quienes sus referentes no eran el éxito, ni el dinero ni el destaque, era nada más ni nada menos que el placer de hacer lo que hacían.

Quizás a nuestra educación deteriorada no sólo le falta saber más de las obras de los grandes artistas, sino que les falta saber más de las cualidades de su personalidad y de sus vidas lo que fue esencial para que llegaran a ser tan grandes.

Basta de modelos de éxito fácil, de brillo académico lustrado con dos o tres ideas, que además no son originales, basta de horario de la burocracia para la creación, basta de tecnología al servicio de un saber aparente que es mero dato, basta de mediocres operativos que hablan mucho y hacen poco. Basta de todo lo que está matando a los Alcon o García Márquez que las nuevas generaciones serían capaces de desear imitar si exaltáramos sus virtudes no sólo con las palabras sino también con el ejemplo, día tras día y no sólo cuando mueren.

Gladys Tato