Hablando con el Dr. Luis Chiozza sobre este tema me contó una anécdota respecto de una persona que había viajado especialmente a supervisar con él por primera vez y al retirarse lo primero que hizo fue pedirle a su secretaria un certificado de la supervisión, que por supuesto no le entregó. Si bien es innegable que documentar las actividades que se realizan es un modo de dar cuenta de un curriculum, es evidente que actitudes como ésta dejan en claro que la importancia estaba en el documento, no en el aprendizaje.
La supervisión como su nombre lo indica, es una palabra compuesta por "super“, que significa “encima de”, “preeminencia”, “excelencia” y visión. Dada estas significaciones el nombre siempre fue muy cuestionado aunque permanece vigente.
Este sentido de estar por “encima de” generaba, sobre todo en las realizadas durante una formación curricular, una connotación persecutoria que desvirtuaba o complicaba su verdadera función.
En la línea de la “excelencia”, su sentido nos lleva en una dirección más adecuada, que es realizar una segunda lectura, una segunda “escucha" de un material clínico con alguien que tiene más experiencia. Este aspecto, es el más básico de la misma y hará que el supervisor preste especial atención al proceso psicoterapéutico en función de las interpretaciones y la dinámica transferencial que se va desarrollando en ese proceso.
Pero hay otro aspecto particularmente enriquecedor, que yo lo he incorporado y aprendido con Chiozza y es que la dinámica trasnferencial entre el supervisor y el supervisando no es ajena al proceso terapéutico que se está supervisando e incluso en muchos aspectos hasta lo resignifica. Además la supervisión también tiene su propio “punto de urgencia”, cuya identificación favorece la comprensión de ambas instancias, la del trabajo del supervisando y el aprendizaje en la supervisión. Esta perspectiva se aprecia más claramente cuando además se supervisa durante un tiempo con el mismo supervisor.
De la misma manera que un mismo paciente hace procesos terapéuticos diferentes con terapeutas distintos, la supervisión también desarrolla una dinámica transferencial diferente según el supervisor. Por este motivo es que enriquece supervisar con diferentes personas, como realizar análisis con más de un analista.
Es así que la supervisión también tiene un encuadre, una frecuencia, una dinámica y un proceso que se constituyen en material de supervisión y análisis. No en vano sigue considerándosela como uno de los elementos del trípode de la formación junto con la teoría y el análisis personal. Lamentablemente creo que este trípode se ha ido desestabilizando por diferentes motivos, en los que el análisis personal y la supervisión se han restringido a favor de la creencia que la teoría puede compensarlos o sustituirlos. De hecho lo que se observa es que a menor experiencia clínica, menor supervisión y lamentablemente también menos proceso de análisis personal.
Podríamos pensar que nos estamos deslizando sin darnos cuenta a algo parecido a la anécdota del principio, si por una supervisión se merece un certificado, con una entrevista se puede tomar un paciente y con una sesión cada quince días se considera que se hace psicoterapia.
Gladys Tato